El reto del Papa para el nuevo año: Leer con atención el libro más “peligroso”:

image012

 

VATICANO, 03 Dic. 15 / 09:14 am (ACI).- El Papa Francisco ha escrito el prólogo a una edición de la Biblia alemana destinada a los jóvenes en el que les pregunta: “¿Quieren hacerme feliz? ¡Lean la Biblia!”. En el texto, Francisco asegura que se trata de “algo divino: un libro como fuego, un libro en el que Dios habla”, y ofrece algunos consejos para su lectura.

 

“Mis queridos jóvenes amigos, si ustedes vieran mi Biblia quizás les sorprendería. Dirían: ‘¿Qué? ¿Esta es la Biblia del Papa? ¡Un libro así viejo, así de desgastado!’”, escribe bromeando Francisco.

 

Pero va más allá y continua: “Podrían también regalarme una nueva, quizás también una de 1.000 euros: no, no la querría. Amo mi vieja Biblia, aquella que me ha acompañado la mitad de mi vida. Ha visto mi alegría, se ha mojado por mis lágrimas: es mi inestimable tesoro. Vivo por ella y por nada del mundo la apartaría de mí”.

 

En el texto, el Papa pide que la Biblia no termine apartada en las estanterías de la librería, “en tercera fila”, “llenándose de polvo”. Porque “un día, vuestros hijos la venderán a un mercado de segunda mano. ¡No! ¡Esto no puede ser!”, exclama.

 

“Quiero decirles una cosa: hoy, todavía más que en los inicios de la Iglesia, los cristianos son perseguidos; ¿cuál es la razón?”, se pregunta. “Son perseguidos porque llevan una cruz y dan testimonio de Cristo; son condenados porque poseen una Biblia. Evidentemente la Biblia es un libro extremadamente peligroso, de tal riesgo que en ciertos países quien posee una Biblia es tratado como si escondiera en el armario una granada de mano”.

 

El Pontífice comenta unas palabras del pensador hinduista Mahatma Gandhi que dijo una vez: “A ustedes cristianos se les ha confiado un texto que tiene en sí la cantidad de dinamita suficiente para hacer explotar en mil pedazos toda la civilización, para poner al mundo del revés y llevar la paz en un planeta devastado por la guerra. Sin embargo, la tratan como si fuese simplemente una obra literaria, nada más”.

 

“¿Qué tienen ahora mismo en la mano? ¿Una obra maestra? ¿Una colección de antiguas y preciosas historias?”, pregunta de nuevo el Papa a los jóvenes.

 

“En ese caso, se necesitaría decir a muchos cristianos que se hacen encarcelar y torturar por la Biblia: ‘Realmente habéis sido necios y poco perspicaces; ¡es solo una obra literaria!’”.

 

“No, con la Palabra de Dios la luz ha venido al mundo y nunca será apagada”. Entonces, entre las manos, tienen “algo divino: un libro como fuego, un libro en el que Dios habla. Por eso recuerden: la Biblia no está hecha para ser puesta en una estantería, más bien está hecha para tenerla en la mano, para ser leída a menudo, cada día, tanto solos como en compañía”.

 

En el prólogo, Francisco se pregunta además: “Hacen deporte en compañía, van de compras, ¿por qué entonces no leer juntos, dos, tres, o cuatro, la Biblia?”.

 

“Quizás al aire libre, inmersos en la naturaleza, en el bosque, a la orilla del mar, en la noche a la luz de una vela… tendrán una experiencia potente e impactante”, asegura.

 

“¿O quizás tienen miedo de parecer ridículos ante los demás?”, cuestiona Francisco. “¡Lean con atención, no se queden en la superficie, como se hace con un cómic!”. “¡La Palabra de Dios no es algo que se pueda recorrer de forma simple con la mirada!”.

 

Después de invitar a los jóvenes a preguntarse qué puede decir la Biblia a sus corazones, les asegura: “solo así la Palabra de Dios podrá desplegar toda su fuerza; solo así nuestra vida podrá transformarse, haciéndose plena y preciosa”.

 

El Papa también revela cómo lee él mismo su vieja Biblia: “Quiero confiarles como leo mi vieja Biblia”. “A veces la tomo, la leo un poco, después la dejo a un lado y me dejo mirar por el Señor. No soy yo el que le mira a Él, sino Él el que me mira a mí: Dios está de verdad allí, presente. Así me dejo observar por Él y siento -no se trata de sentimentalismo-, percibo en lo más profundo aquello que el Señor me dice”.

 

“A veces –añade- no habla: y entonces no siento nada, solo vacío, vacío, vacío… pero, paciente, permanezco ahí y sigo así, leyendo y orando”.

 

“Rezo sentado, porque me hace mal estar de rodillas. A veces, rezando, incluso me quedo dormido, pero no pasa nada: soy como un hijo junto a su padre, y esto es lo que cuenta”, revela el Papa.