Estado Islámico bombardea ciudad siria y generan nuevo éxodo de cientos de cristianos.

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ROMA, 30 Jun. 15 / 03:10 am (ACI/EWTN Noticias).- El último ataque a la ciudad de Hassake en la noche entre el miércoles 24 y el jueves 25 de junio por parte de terroristas musulmanes del Estado Islámico ha provocado una nueva emergencia humanitaria en la provincia siria al noreste de Jazeera.

Cientos de familias se han visto obligadas a abandonar sus hogares aumentando así la masa de refugiados internos que ya están presentes en la región. “Los milicianos del Daesh (Estado Islámico) –declara a la agencia vaticana el Obispo caldeo Mons. Antoine Audo, presidente de Cáritas Siria– han bombardeado en la noche entre el miércoles y el jueves todas las zonas de la ciudad”.

“Luego, en la madrugada del jueves 25, ha comenzado el éxodo masivo, entre ellos cientos de familias cristianas. Solo de entre los caldeos, se han marchado sesenta familias a Qamishli, junto con el párroco Nidal, mientras que otras diez familias han llegado a la parroquia de al-Malikiyah. Y ahora todo el mundo está esperando para ver cómo evolucionan las cosas”.

Hassaké en las últimas semanas había sido objeto de ataques por parte de la milicia del Estado Islámico, hasta ahora siempre rechazada por el ejército del gobierno y la milicia kurda.

Ahora Mons. Audo ve en esta última ofensiva yihadista un intento de presionar a las fuerzas armadas, principalmente a las kurdas, que en los últimos días parecían ganar terreno en la provincia de al-Raqqa, donde está la fortaleza de Daesh en Siria.

“La situación –explica el Obispo a Fides– parece confusa. En el campo de batalla están los kurdos, los yihadistas y el ejército gubernamental y no siempre se entiende bien la agenda a la que responden cada una de las fuerzas en combate”.

Cáritas Siria ya ha tomado medidas para enviar alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad para ayudar a los nuevos refugiados.

“Todos los días –explica el Prelado– surgen nuevas emergencias, incluso en zonas que hasta ahora no habían sufrido por el conflicto. La gente está cansada, los nervios están a flor de piel, todos tienen miedo. Se ven muchas armas”.

 

“Basta un pequeño incidente para hacer explotar la tensión y provocar la violencia, incluso dentro de las aldeas. Nuestro deber es permanecer aquí, y tratar de avanzar en esta situación. Pero no es fácil”, concluye.